Fotografía macro: descubrir la naturaleza que normalmente no vemos

Viajé a la Montaña Palentina con un objetivo bastante claro: intentar encontrar y fotografiar al gato montés. Durante varios días recorrimos el territorio buscándolo, observando el paisaje y esperando alguno de esos encuentros que nunca sabes si terminarán ocurriendo. Pero esta vez llevaba en la mochila algo nuevo que acabaría haciendo que también empezara a mirar hacia lugares en los que normalmente no me detenía.

Hacía poco que había incorporado a mi equipo el Sony FE 90mm F2.8 Macro G OSS, mi primer objetivo dedicado específicamente a fotografía macro, y aquel viaje era una oportunidad perfecta para empezar a probarlo sobre el terreno.

Estoy acostumbrada a fotografiar fauna con teleobjetivos, buscando animales muchas veces a cientos de metros de distancia. Con el macro ocurrió prácticamente lo contrario. De repente, mientras buscaba al gato montés, también empecé a prestar atención a lo que sucedía a pocos centímetros de mis pies.

Un mundo que siempre había estado allí

La fotografía macro tiene algo especialmente interesante: no necesitas encontrar un gran mamífero ni viajar a un lugar remoto para descubrir fauna. Basta con detenerse y empezar a observar.

Durante aquellos días encontré una ranita de San Antonio, una pequeña culebra y diferentes insectos que se convirtieron en mis primeros sujetos con el nuevo objetivo. Animales que, en otras circunstancias, probablemente habría observado durante unos segundos antes de continuar caminando y que, vistos a través de un objetivo macro, mostraban una cantidad de detalles que nuestros ojos normalmente pasan por alto.

Texturas, colores, pequeños patrones, ojos, escamas o estructuras que apenas apreciamos a simple vista aparecen de repente con una claridad sorprendente. No porque esas características no estuvieran allí antes, sino porque rara vez nos acercamos lo suficiente para observarlas.

Y creo que precisamente ahí está una de las cosas que más me ha sorprendido de esta disciplina.

Estamos acostumbrados a sentir fascinación por un oso, un lobo, un felino o una gran rapaz. Son animales que inmediatamente captan nuestra atención. Sin embargo, compartimos espacio con una enorme diversidad de especies mucho más pequeñas a las que prácticamente ignoramos.

La fotografía macro nos obliga a cambiar esa escala.

abejorro
mariposa

Aprender a mirar de otra manera

Fotografiar fauna pequeña también cambia completamente la forma de trabajar. Cuando utilizo un teleobjetivo, gran parte de mi atención está puesta en localizar al animal, anticipar su comportamiento y trabajar con la distancia. Con el macro tuve que empezar casi desde cero.

El enfoque, la profundidad de campo y, sobre todo, la proximidad al sujeto hacen que cualquier pequeño movimiento tenga importancia. Un desplazamiento mínimo puede cambiar completamente el punto de enfoque y una variación aparentemente insignificante en la posición modifica la fotografía mucho más de lo que esperaba.

Pero esa dificultad también hace que empieces a observar muchísimo más.

Una hoja deja de ser simplemente una hoja cuando descubres una pequeña rana sobre ella. Un rincón de vegetación puede esconder decenas de insectos y una pequeña culebra permite apreciar patrones y texturas que difícilmente podríamos observar de la misma manera a simple vista.

Para mí ha sido casi como descubrir una nueva parte de la fotografía de naturaleza.

Mi primera experiencia utilizando flash

También decidí probar algo que hasta ahora apenas había utilizado en mi fotografía: el flash.

Nunca he sido especialmente partidaria de trabajar con él y prácticamente toda mi fotografía de fauna está realizada aprovechando la luz disponible. Sin embargo, el macro me hizo querer darle una oportunidad.

Y la experiencia ha sido completamente diferente a lo que esperaba.

En macro, poder controlar mejor la iluminación permite trabajar con sujetos muy pequeños y destacar detalles que de otra manera quedarían ocultos. La luz ayuda a separar al animal del entorno, mostrar texturas y conseguir una imagen mucho más limpia, especialmente cuando trabajamos entre vegetación o en zonas donde la luz natural es limitada.

Todavía estoy empezando a experimentar con él y tengo muchísimo que aprender, pero estas primeras pruebas me han hecho cambiar bastante mi percepción. No lo veo como una forma de sustituir la luz natural, sino como una herramienta más que puede abrir posibilidades completamente nuevas cuando se utiliza correctamente.

Foto sin flash
Foto con flash en mismas condiciones de luz y lugar

Sony 90 mm Macro: mis primeras sensaciones

El Sony FE 90mm F2.8 Macro G OSS ha sido mi puerta de entrada a este mundo. Buscaba una focal que me permitiera trabajar con animales pequeños manteniendo cierta distancia y, al mismo tiempo, conseguir el nivel de detalle que esperaba de un objetivo macro.

Estas primeras jornadas me han servido sobre todo para empezar a entenderlo. La distancia de trabajo, el enfoque y la profundidad de campo requieren una forma diferente de fotografiar a la que estoy acostumbrada, pero precisamente eso es lo que más me está gustando.

No siento que haya añadido simplemente otro objetivo a la mochila. He añadido otra posibilidad de encontrar fotografías.

Las especies que normalmente ignoramos

Quizá lo que más me interesa de seguir explorando la fotografía macro no sea únicamente la parte técnica, sino su capacidad para acercarnos a especies que reciben mucha menos atención.

Es fácil querer proteger aquello que conocemos y admiramos. Mucho más difícil es preocuparnos por organismos que apenas sabemos que existen, pese a que muchos desempeñan funciones fundamentales dentro de los ecosistemas.

Insectos, anfibios, reptiles y otros pequeños animales forman parte de redes enormemente complejas y, sin embargo, suelen quedar fuera de nuestra mirada. La fotografía puede servir para mostrarlos de una manera que despierte curiosidad y consiga que alguien se detenga durante unos segundos ante una especie que probablemente habría pasado por alto.

Fui a la Montaña Palentina buscando al gato montés y terminé regresando también con fotografías de animales que cabían prácticamente en la palma de una mano. No sustituyeron aquello que había ido a buscar, pero sí consiguieron que empezara a observar el territorio de otra manera.

Porque a veces no hace falta mirar más lejos para encontrar algo nuevo.

Solo hace falta empezar a mirar más cerca.

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